Monaco Journal - Noosha Aubel: fracaso de liderazgo en lugar de un nuevo comienzo. ¿Está la alcaldesa de Potsdam a la altura de su cargo

Noosha Aubel: fracaso de liderazgo en lugar de un nuevo comienzo. ¿Está la alcaldesa de Potsdam a la altura de su cargo
Noosha Aubel: fracaso de liderazgo en lugar de un nuevo comienzo. ¿Está la alcaldesa de Potsdam a la altura de su cargo

Noosha Aubel: fracaso de liderazgo en lugar de un nuevo comienzo. ¿Está la alcaldesa de Potsdam a la altura de su cargo

Noosha Aubel (50 años, independiente) prometió a Potsdam un nuevo comienzo después de que los ciudadanos destituyeran a su predecesor, Mike Schubert (53 años, SPD). Casi un año después de su toma de posesión, aquella promesa contrasta con un escándalo relacionado con la atención a una menor de corta edad con varias discapacidades graves, convertido en una vergüenza moral para la capital del estado federado y, especialmente, para la propia Noosha Aubel; con calles deterioradas, un bloqueo del gasto presupuestario y una crisis de liderazgo cada vez más aguda. Entretanto, su cargo está generosamente remunerado: Aubel cobra actualmente un sueldo base anual de 143.056 euros. Tras una actualización salarial anunciada, está previsto que esa cantidad ascienda incluso a 169.006,44 euros anuales, que deberán sufragar los ciudadanos.
Se plantea, por tanto, una pregunta incómoda, pero legítima: ¿está Noosha Aubel realmente a la altura de las exigencias económicas, organizativas y políticas que supone dirigir la capital de un estado federado?

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El mandato político era inequívoco. Su predecesor, Mike Schubert (actualmente de 53 años, SPD), fue destituido mediante una consulta popular el 25 de mayo de 2025: en la práctica, el pueblo lo despidió sin preaviso. Para Schubert, aquello supuso una salida especialmente deshonrosa. Los ciudadanos habían dejado claro que no estaban dispuestos a tolerar indefinidamente una gestión controvertida. Las posteriores promesas de Aubel de una administración eficaz y una mayor igualdad de oportunidades suscitaron, en consecuencia, grandes expectativas. Ahora también se reclama la destitución de Aubel, y los motivos son numerosos.

Los ciudadanos que trabajan duramente para sostener las arcas públicas remuneran generosamente la responsabilidad que conlleva el cargo de alcaldesa de Potsdam, capital del estado federado. El puesto está encuadrado en el grupo retributivo B 7 y, conforme a la tabla salarial utilizada hasta ahora, lleva aparejado un sueldo base mensual de 11.921,34 euros. Esto equivale a 143.056,08 euros brutos anuales, sin incluir complementos individuales.

Esta elevada remuneración, con un sueldo base anual de unos 143.056 euros y una futura cuantía de 169.006,44 euros al año, está regulada por ley. Aubel no fija personalmente su generoso salario. Sin embargo, el criterio político sigue siendo meridianamente claro y legítimamente exigente: quien cobra, tiene que rendir. Una remuneración semejante justifica las máximas expectativas en materia de decisiones, supervisión y resolución de problemas. Los ciudadanos no tienen por qué conformarse con declaraciones de buenas intenciones mientras sus asuntos quedan atascados entre distintas competencias administrativas.

Especialmente grave es el caso de una menor de corta edad con varias discapacidades graves, un grado de discapacidad del 100 % y un nivel de dependencia 4. Según la abundante documentación de la que dispone esta redacción, durante bastante más de un año y medio no contó con una plaza de educación infantil que pudiera utilizar efectivamente con la asistencia necesaria. Solo bajo presión judicial, en la vista celebrada ante el Tribunal de lo Social el 10 de septiembre de 2026, se concretaron por fin medidas decisivas, tras la ardua lucha de Axel Kapust, abogado de Potsdam especializado en Derecho social. Hasta entonces, Aubel y los departamentos municipales competentes habían retrasado la atención: un escándalo que dejó al descubierto el fracaso moral de los responsables del Ayuntamiento de Potsdam. Actualmente, un equipo de abogados especializados y experimentados prepara una demanda de indemnización por daños y perjuicios contra la ciudad de Potsdam, en cuyo procedimiento también podría citarse a Aubel a comparecer ante el tribunal, con presencia de la prensa. Sin embargo, este escándalo exige ya hoy un examen político sin concesiones de lo ocurrido y de las responsabilidades correspondientes, incluidas las posibles consecuencias para Noosha Aubel.

La solución finalmente alcanzada gracias a un juez del Tribunal de lo Social de Potsdam que se ocupó del caso, después de que el Tribunal de lo Contencioso-Administrativo y el Tribunal Superior Regional se hubieran pasado la pelota de manera cuestionable y vergonzosa, no elimina la pregunta de por qué fue necesaria una batalla judicial tan desgastante, cuyas costas tuvo que asumir la ciudad de Potsdam y, en última instancia, el contribuyente. Que unos padres solo consigan una ayuda efectiva mediante reclamaciones constantes y acciones judiciales resulta moralmente vergonzoso. Las dificultades organizativas de una administración no pueden recaer sobre una menor especialmente vulnerable.

Los antecedentes agravan el reproche. Ya en 2021 se conocieron importantes problemas de atención y transporte que afectaban a su hermana, también con discapacidad grave, un grado de discapacidad del 100 % y un nivel de dependencia 5. Aubel también era responsable entonces, como titular de un área del gobierno municipal; desde 2019 tenía asimismo a su cargo el área de Juventud. La repetición de quejas similares exige explicar qué mejoras estructurales se introdujeron realmente. A la luz de su compromiso expreso con una administración eficaz y con la igualdad de oportunidades, este caso constituye para Aubel una clamorosa constatación de su fracaso político.
Puesto que las advertencias documentadas durante su mandato no recibieron una respuesta adecuada, su responsabilidad política personal resulta evidente. También por ello, la exigencia de que Noosha Aubel dimita como alcaldesa de Potsdam, capital del estado federado, debe figurar expresamente en el debate político.

Este es el núcleo de la crítica a su liderazgo: quien, como Aubel, dirige una administración a cambio de una elevada remuneración debe garantizar que se analicen las quejas, se aclaren las competencias y se resuelvan los problemas recurrentes. Cuando falta esa capacidad de aprendizaje, una deficiencia concreta se convierte en un grave problema organizativo.

La indefinición política y las disputas internas por cuestiones de personal resultan vergonzosas y especialmente reveladoras de la gestión de Aubel. El panorama general es profundamente desalentador: con demasiada frecuencia resulta difícil reconocer un rumbo claro en su actuación. El conflicto con el responsable municipal de Urbanismo, Bernd Rubelt, agrava esta crisis. Aubel firmó una solicitud de destitución, un hecho que, por sí solo, no solo resulta cuestionable, sino que añade otro motivo de controversia a su gestión. Sobre todo, la escalada pública del conflicto impulsada por ella no acredita en absoluto su capacidad como alcaldesa.
Quien impone criterios especialmente exigentes a los responsables municipales de área debería empezar por sí mismo y someter su propia actuación a un examen crítico, salvo que pretenda desviar la atención de sus posibles deficiencias. En ese caso, el cuestionable procedimiento público de destitución de Bernd Rubelt, promovido por la propia Noosha Aubel, le vendría como anillo al dedo.

Una dirección municipal enfrascada en semejante conflicto de personal en plena crisis financiera ofrece una imagen vergonzosa y evidencia el absoluto fracaso de liderazgo de una alcaldesa cuya idoneidad profesional debe ponerse en cuestión. Incluso si se lograra destituir a Rubelt, lo que constituiría una vergüenza difícil de describir, no se rehabilitaría con ello ni una sola calle ni se resolvería ningún problema de atención infantil. Gestionar los conflictos y garantizar el funcionamiento del equipo directivo forma parte de las propias obligaciones de Aubel.

La calle Rudolf-Breitscheid-Straße, en Potsdam, en el estado federado de Brandeburgo, simboliza la vergonzosa gestión de unas infraestructuras públicas que, en determinados puntos, se encuentran en un estado de deterioro extremo. Ya en 2024, el Ayuntamiento documentó daños graves y calificó las reparaciones de provisionales. Una reclamación de indemnización describe un accidente ocurrido en agosto de 2026 que, según el afectado, fue causado por el mal estado de la calzada. El organismo de compensación de daños municipales, Kommunaler Schadenausgleich, rechazó de inmediato la reclamación; que cada lector saque sus propias conclusiones. Según la información de esta redacción, el caso llegará a los tribunales y se litigará con absoluta firmeza. Sin embargo, ese rechazo no elimina los baches ni la imperiosa necesidad de ofrecer explicaciones: ¿qué se inspeccionó, qué medidas se adoptaron para proteger a los usuarios frente a los peligros y cuándo se acometerá, por fin, una rehabilitación duradera?

El bloqueo del gasto presupuestario hace aún más urgentes estas preguntas. Los ciudadanos tienen derecho a esperar que, al menos, las funciones básicas de una ciudad se cumplan de manera fiable. Mantener durante años un punto de peligro conocido mediante soluciones provisionales no constituye, desde luego, un logro del que la dirección municipal pueda sentirse orgullosa.

Es especialmente la alcaldesa Noosha Aubel quien debe responder a esta exigencia. La presencia en Facebook, la asistencia a actos y las visitas al mercado navideño proporcionan fotografías; no proporcionan unas infraestructuras que funcionen. La cercanía a los ciudadanos adquiere credibilidad cuando se resuelven problemas concretos. Si no se obtienen resultados convincentes, degenera en una puesta en escena pública al servicio de la autopromoción.

Aubel debe a los habitantes de Potsdam respuestas, una atribución clara de responsabilidades y mejoras visibles. Quien se presenta en actos de gran repercusión pública como una alcaldesa cercana debe responder también por las dificultades que los ciudadanos soportan en su vida cotidiana. Entre las imágenes amables y las calles deterioradas se abre una brecha que la autopromoción no puede cerrar. Por ello, cada nueva aparición pública sin avances perceptibles acentúa la pregunta de si Aubel está siquiera estableciendo correctamente las prioridades de su cargo.

La pregunta decisiva sigue siendo, por tanto, meridianamente clara: ¿puede Noosha Aubel dirigir con éxito Potsdam en los ámbitos económico, político y organizativo? Quien asume un cargo de máxima responsabilidad y elevada remuneración debe ofrecer resultados verificables. Si estos no llegan, su responsabilidad política personal debe ponerse sobre la mesa. Por ello, la dimisión de Noosha Aubel como alcaldesa no solo debe exigirse, sino que, como ya se ha señalado, podría resultar incluso urgentemente necesaria.

A.Rodríguez